El dominó de la DRAM empieza a caer por el lado más duro para el usuario y casi también para la industria. Si la DDR5 escasea, la falta de DDR4 ya está empujando a fabricantes y clientes hacia DDR3 y DDR2, aumentando su demanda de forma brutal, justo cuando esas memorias antiguas tampoco tienen margen de producción de sobra. El informe que ha facilitado TrendForce describe un mercado donde la prioridad de los grandes fabricantes está en HBM y DRAM de servidor para infraestructura de Inteligencia Artificial, mientras la memoria de consumo queda cada vez más presionada.
El problema ya no se limita a comprar DDR5 más cara por la subida de precio de turno, o esperar mejores precios en módulos concretos, sean de gama alta o baja. La presión está bajando generación por generación, porque los compradores necesitan asegurar suministro y algunos productos están cambiando sus especificaciones para poder seguir fabricándose sin asumir costes imposibles, y lo estamos viendo en AMD e Intel, por ejemplo.
La crisis de la memoria eleva el listón: la demanda de DDR2 sube y los precios se disparan

Según TrendForce, el ajuste viene por el lado de la oferta, lo que empeora, evidentemente, las cosas. Los tres grandes proveedores de DRAM siguen dando prioridad a la producción en nodos avanzados, donde entran productos como HBM y DRAM de servidor, dos segmentos directamente ligados al crecimiento de la infraestructura de Inteligencia Artificial.
Esa decisión reduce las asignaciones de obleas para DDR5, es cierto, pero también para DDR4 y otros productos fabricados en nodos maduros, justo los que todavía sostienen una parte enorme del hardware de consumo, industrial, embebido y de bajo coste. Básicamente porque nos están expulsando del mercado.
Cuando falta DDR4, los compradores buscan alternativas donde todavía pueda haber suministro. Ahí entran proveedores taiwaneses como Nanya y Winbond, que han ganado poder de precio porque la demanda supera claramente la cantidad de bits disponible. TrendForce indica que, con una oferta limitada, estos fabricantes han reducido productos de menor margen y han movido capacidad hacia opciones de más valor para mejorar rentabilidad.
Hay un downgrade muy claro por parte de los fabricantes buscando lanzar productos a toda costa

La parte más delicada llega cuando los OEM y ODM empiezan a rebajar especificaciones de memoria para controlar el coste del sistema completo. El informe habla de diseños DDR4 que pasan a soluciones DDR3, y de algunos productos basados en DDR3 que incluso se rediseñan para usar DDR2. No es una mejora técnica, porque es un claro downgrade en especificaciones y rendimiento, sino una adaptación de suministro y precio en un mercado donde conseguir componentes fiables empieza a pesar tanto como la propia especificación. O dicho de otra manera, perder rendimiento siempre va a ser más rentable que no vender.
La DDR2 se ha convertido en el ejemplo más llamativo de este asunto tan extremo. Después de fuertes subidas en el 1T26, TrendForce estima que sus precios de contrato subirán aproximadamente entre un 55% y un 60% en el 2T26, con otro incremento adicional del 35% al 40% previsto para el 3T26. Para una memoria tan antigua, esas cifras explican hasta qué punto se ha deformado la cadena, es demencial, porque hablamos de un +100% de media al cerrar este 2026.
Por ejemplo, Winbond está reduciendo gradualmente su producción de DDR2 y moviendo capacidad hacia DDR3, DDR4 y LPDDR4, lo que puede tensar todavía más la oferta de DDR2. En paralelo, ESMT planea maximizar la producción de DDR2 por la demanda dentro de su asignación actual de obleas en PSMC, aprovechando el hueco que deja Winbond y buscando compensar parte de ese déficit.
El resultado es un mercado de DRAM donde la presión no se queda arriba, en HBM o servidores, sino que baja hasta tecnologías que muchos daban por amortizadas. La memoria antigua vuelve al centro de la producción, del debate, porque sigue dentro de millones de productos, y cuando la capacidad se mueve hacia la Inteligencia Artificial, hasta la DDR2 acaba reflejando el golpe en precio y disponibilidad, con una demanda cada vez mayor. Ver para creer: en 2026 vamos a volver a una DRAM de hace casi dos décadas.
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